El belén

Un belén monumental

Eliseo Salino, maestro ceramista de Albisola, realizó esta obra maestra (1969-1970), en la que expresó lo mejor de una tradición belenística ligur encabezada por Maragliano, pero mientras este último trabajaba principalmente con madera, Salino lo hace por medio de la terracota: cerámica y mayólica.

Además de la pequeñas estatuas y de los grupos en cerámica, el artista procuró y realizó también todo el ambiente, modelando escayola, yeso y yute, obtuvo una gran cueva, en la que se desarrolla la narración del nacimiento de Cristo. Asistimos aquí no solo a una narración histórica del nacimiento de Jesús, sino también a una visión teológica del misterio de la Encarnación, de la que está excluida toda perspectiva espacio-temporal.

En el centro del recorrido, como punto focal, la luz de la cabaña que se difunde en todas las direcciones, en todos los planos y sobre todos los hombres. Son características las figuras en las que, como dijo Salino: “nos podemos reconocer todos nosotros: frailes y albañiles, artesanos y profesionales, sabios y políticos, mujeres y niños”.

Si el plano de la lontananza o del pasado, creado por el tercer plano perspectivo (llevado a cabo con un precioso juego de espejos que dilatan el espacio) nos lleva atrás en el tiempo, es decir a los tiempos de Cristo, los grupos bíblicos, a media altura, pretenden una narración teológica de importancia fundamental.

Ahora tratamos de entender juntos el lenguaje de los grupos bíblicos, que pretenden referirnos la historia de la Salvación desde la caída de los progenitores al nacimiento de Cristo, enfrentando al Antigua Testamento (al lado izquierdo) y el Nuevo (al lado derecho).

La señales del Antiguo Testamento

Pecado original

Adán y Eva

Es el comienzo de la historia de la salvación, que se realizará en los misterios de la vida de Cristo; es la promesa de la redención (el llamado «protoevangelio»), que en Cristo, el nuevo Adán, vencerá en la raíz al pecado de la humanidad. Enfrente (del lado derecho), el grupo de la Anunciación y de la Boda de María invitó a contemplar el cumplimiento de la promesa salvífica.

 

 

El rey David, profeta mesiánico

El rey David

David llevó a Jerusalén el arca de la alianza, ante la que danza y canta junto a todo el pueblo. La tradición, que le atribuye la composición de los salmos, le hace el cantor de los tiempos mesiánicos: de su descendencia nacerá el Salvador. Enfrente (lado derecho) tenemos la Visitación: la nueva arca de la alianza (el seno de la Virgen) y el nuevo David (Juan Bautista), que danza de alegría en el seno materno en presencia de su y nuestro Salvador.

El profeta Elías

El profeta Elías

El profeta está representado en el acto de rogar a Dios para que haga llover sobre la tierra, seca desde hacía más de tres años de sequía; arriba, encima de su cabeza, hay pintada una nube, vista por la tradición como símbolo de la Virgen, portadora de la lluvia de la gracia que es Cristo. El profeta, recordemos, también está considerado por el Carmelo como modelo de vida contemplativa y apostólica.

 

La Tierra prometida

El profeta Isaías

La alegría y la paz de la Navidad encuentran una perfecta respuesta en la descripción que el profeta Isaías nos deja de los tiempos mesiánicos, tiempos de paz y de serenidad: la ruptura de la armonía de la creación, obrada por el pecado, encuentra su curación en le intervención de amor de Dios Padre, que mandó a su Hijo. Ante esta escultura estamos invitados a observar los miles de contradicciones que señalan aún nuestro camino y a orientar la mirada al cumplimiento futuro: cuando el odio, el pecado, el sufrimiento y la muerte no podrán poner obstáculo al don del amor divino.

La señales del Nuevo Testamento

La boda de María y José

La boda de María y José

Encontramos en dos grupos la misma figura femenina, María, primera en la representación de su boda con José y después en la Anunciación. Juntos, los dos grupos representan la mancha de la desobediencia inicial: el “sí” generoso de María y José permite la realización de la salvación prometido a los progenitores.

 

 

La Anunciación

La Anunciación

Mientras la escena de la boda parece en penumbra, la Anunciación está colocada en particular relieve. Fue precisamente en el momento del anuncia del ángel, cuando “el Verbo se hizo carne”, y el cielo se abrió en una comunión plena entre Dios y la humanidad. En la pobre casa de Nazaret la fidelidad de Dios se encuentra con la disponibilidad pronta y generosa de María.

El encuentro de María con Isabel

María y Isabel

La escena –como se ha dicho– se presenta como cumplimiento de la imagen de David: es en el seno de María donde se cumple verdaderamente el misterio de la presencia de Dios en medio de su pueblo. La fidelidad de Dios a su promesa es “evangelio”, buena nueva, motivo de alegría y de júbilo.

 

 

El nacimiento de Jesús

El nacimiento de Jesús

El nacimiento de Jesús es el centro de todo el belén y el de la historia del hombre. El grupo representado es el último del artista Salino. En origen había otra representación de la Sagrada Familia. Hoy podemos contemplar al pequeño Jesús en brazos de María. Esta última, convertida en Madre de Dios, ofrece al Niño Jesús también a nosotros hombres dándonos la posibilidad de acunarlo un poquito.

El Anuncio del ángel a los pastores

El Anuncio a los pastores

Cristo Jesús se hizo semejante a nosotros, en la debilidad y fragilidad de un niño. El ángel, que anuncia a los pastores el suceso inaudito, fuente de alegría, aparece como una figura lanzada, suspendida en el vacío, una criatura venida del cielo; a su anuncio de alegría parece responder la fiesta y la danza de numerosos ángeles acurrucados o revoloteantes alrededor de la cabaña.

 

La adoración de los Magos

La adoración de los Reyes Magos

En la adoración de los Magos llegados de Oriente podemos reconocer la universalidad del don de la salvación. Cristo nació para todos y su gesto nos invita a que quedemos ante el Niño Jesús con las mismas actitudes de estupor, de adoración y de alabanza.

La Matanza de los inocentes

La Matanza de los inocentes

En este grupo, de profunda intensidad dramática, se ven figuras de mujeres y de niños desnudos muertos en su senos y deseando el aire. El suceso de alegría de la Navidad se convierte en tragedia, casi como preludio del misterio de la cruz, y nos invita a quedar en oración, invocando la bendición divina sobre los trágicos sufrimientos de nuestra humanidad, en las continuas matanzas de nuestros días.

 

 

 

La Huida a Egipto

Huida a Egipto

La representación de la huida a Egipto está colocada casi oculta, como si Herodes estuviera siempre vivo para que se produjera la huida de Cristo. La composición es bellísima, no solo en la línea y en los colores, sino también en la expresión intensa de los rostros y gestos que dan el sentido de la huida temerosa y confiada.

Jesús entre los doctores del Templo

Jesús entre los doctores

La escena, que constituye un solo cuerpo, está ambientada en un templo sintetizado por el pavimento de adoquines y por dos columnas que sobrepasan a los personajes. El pequeño Jesús se encuentra enfrentado a cuatro doctores que, de izquierda a derecha, están dispuestos en escala descendente, casi a representar la progresiva humildad frente a la sabiduría del muchacho; sabiduría que brilla en el rojo de la capa y en el amarillo de la aureola, que se revelan en los presentes.

El encuentro con Juan Bautista

En la izquierda, encontramos un grupo que representa el encuentro de Jesús adolescente con el precursor Juan Bautista coetáneo suyo, un episodio extraño en la narración evangélica. La ausencia de movimiento y la reducida plasticidad de los planos y de las superficies hacen muy claro el sentido totalmente tenso en lo sobrenatural de este misterioso encuentro.

El Bautismo de Jesús

Jesús y Juan el Bautista

Juan Bautista, erguido sobre la tierra, levanta los ojos al cielo con la mano izquierda sobre la espalda de Jesús, en el momento en el que lo está bautizando con la derecha. El Hijo de Dios, con los pies en el agua del Jordán inclina la cabeza y acoge con humildad la señal del bautismo. Los colores, son el azul de las aguas, el rosa con el que se colorean las carnes pálida y el amarillo sobre la cabeza de los dos.

Mirada del conjunto
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Si volvemos ahora al principio del belén y echamos una mirada al conjunto, nos encontramos inmersos en el plano de la realidad de hoy, que continuamente nos hace partícipes del misterio natalicio en una dimensión que acompaña la edad del hombre. Forman parte de este plano las figuras que brotan de nuestra vida diaria. La policromía y el planteamiento humorístico de las escenas, de las figuras y de los grupos es una visión real de la vida, que con frecuencia se presenta como una extraña caricatura. Los sacerdotes, cultos en una suficiencia humorista bondadosa; los frailes, con sus sencillas expresiones de serena sensatez y de sencillez evangélica; los soldados, de quienes brota casi una discreta y cordial sátira del encanto marcial, es todavía la gente del campesinado: el “Culin”, el “Gerba”,”Bacchi u friscieu”, “Cattainin”, “u Funsu”, el borracho, el cojo, la madre con el niño, los gaiteros, los castañeros, el mendicante, los escolares, el ama de casa… es el hombre de hoy que sigue yendo a la cueva de Belén.

Como conclusión del recorrido es posible visitar la sala con belenes provenientes de todo el mundo, y la exposición misionera con material e informaciones sobre nuestras misiones en la República Centroafricana.

Belenes de todo el mundo

En el fondo del belén permanente, se preparó una habitación en la que se han expuestos más de un centenar de belenes provenientes de todo el mundo, con el título “El encanto del belén”.

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La iniciativa, inaugurada el 25 de diciembre de 2002, se realizó gracias a la generosidad de don Pino Pellegrino (apreciado colaborador del Mensajito) y a la obra de fray Fausto (arquitecto) y de algunos voluntarios que, bajo la dirección del P. Julián, han creado para el Santuario un pequeño firmamento de obras que se presentan como centellas que brotan del único misterio de la Navidad.

En un ambiente revestido de raso negro y sabiamente iluminado se puede admirar esta extraordinaria colección catalogada de fantasía, folklore, cultura y religiosidad que desde todos los confines del mundo se acude a nuestro Santuario, como para dar gracias por las amplias bendiciones que el Niño Jesús concede el mundo entero. Comenzando desde la izquierda, se encuentran expuestas las obras provenientes de Asia: en particular de Filipinas, Tailandia, Mongolia, Tibet, Birmania, China Rusia y Japón; sigue luego Europa, con ilustres representaciones italianas y otras provenientes de Polonia, Suecia, República Checa, Austria, Alemania, Malta y Noruega; América del Norte está representado por los pieles rojas y los esquimales, mientras América latina por medio de Perú, la Isla de Pascua, Chile, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Argentina, México, Guatemala; cierra el recorrido África con Senegal, Burkina, Kenia, Burundi, Egipto y el vecino Israel.

La exposición misionera »

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